INTA EEA Rafaela

Información Técnica N° 230
Mayo 1999

FERTILIZACION FOSFATADA Y ENCALADO SOBRE LA PRODUCCIÓN

DE ALFALFA EN EL DEPARTAMENTO LAS COLONIAS

Ings. Hugo Vivas, Susana Guaita y Est. Oscar Quaino

La producción de alfalfa en la región centro este de la provincia de Santa Fe se encuentra limitada en gran medida por deficiencias en el contenido del fósforo extractable (P) del suelo (Hein et al., 1981; Vivas et al., 1996). Esta limitante se presenta en forma heterogénea y con mayor frecuencia en dirección este, donde posiblemente se conjugue la mayor agriculturización con particularidades edáficas propias del litoral y su influencia en la formación de los suelos.

A diferencia del nitrógeno que se aporta por la fijación atmosférica, el P no tiene otra posibilidad que la de reponerse a través de la aplicación de fertilizantes. Al respecto, la alfalfa es una gran consumidora de P, estimándose una demanda entre 2,7-3 kg/1000 kg de materia seca (MS). Por lo tanto una producción de 10.000 kg/ha de MS extraería del suelo ente 27 y 30 kg de P/ha, superior a lo que pueden extraer otros cultivos anuales en la región (Vivas y Guaita, 1997). Además por ser parte del núcleo energético adenosintrifosfato (ATP), cumple un rol esencial en la fijación simbiótica del nitrógeno (Lanyon and Griffith, 1988). Por estas razones el concepto del cultivo de alfalfa como recuperador de la fertilidad en suelos deficientes en P es utópico. Por el contrario, en tales condiciones la alfalfa sin la provisión de fertilizante contribuye a acentuar la degradación del suelo. En el presente estudio el valor inicial de P fue de 10 ppm (Bray 1).

Otro factor que desde años anteriores se viene estudiando es el encalado para modificar el pH del suelo y mejorar la reacción de la capa arable. En el sitio del presente estudio su valor varió entre 5,9-6,0 considerado común y normal de la capa arable en la región central de Santa Fe, incluyendo a Rafaela donde con similares condiciones se logran producciones competentes de alfalfa. Aunque según Rice (1975) y Bohn et al., (1979) recién podrían esperarse problemas productivos cuando la reacción es inferior a 5,5, se prefirió sostener el criterio de Woodruff (1967) quien afirmó que el valor deseable de pH es alrededor de 6,6 y se lo consideró como referencia para los tratamientos alternativos de la investigación.

Tradicionalmente en Argentina no se tiene la rutina de la fertilización en pasturas ni de la aplicación de enmiendas. En parte podría explicarse por una cuestión de costos y en otra porque, sin análisis del suelo, en la pastura es difícil detectar visualmente las deficiencias, al menos que se tenga una parcela fertilizada para contrastar. Por ello muchos productores producen alfalfa, pero desconocen las pérdidas causadas por las carencias nutricionales. Para el caso del P los síntomas son un crecimiento retardado, menor desarrollo radicular y coloración verde azulado de las hojas. Respecto del encalado y los síntomas en planta se debe aclarar que la acidez generalmente no es la causa del pobre crecimiento de las mismas, sino que corresponden a las consecuencias indirectas de un bajo valor de pH que determina una gama de carencias nutricionales que limitan el desarrollo y la producción (Black, 1993).

El objetivo del presente trabajo fue evaluar la respuesta de la producción de la materia seca de alfalfa por la aplicación de niveles crecientes de un fertilizante fosfatado, las modificaciones del P extractable del suelo y la respuesta productiva de dos niveles de una enmienda calcárea.

El ensayo se condujo sobre un suelo Serie Esperanza en la localidad de Pujato Norte (5 km al sur de Esperanza) durante 1996/97. Se utilizaron 10 tratamientos, 8 niveles de P (0, 20, 40, 60, 80, 100, 120 y 140 kg/ha) en la forma de superfosfato triple de calcio, 2 niveles de enmienda cálcica (750 y 1500 kg/ha) constituídos por un 89% de calcita micronizada y aperdigonada y un 11% de adherente, con un 46,29% de OCa. La función de respuesta al P se puede ver en el Gráfico 1.

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de las grandes variaciones climáticas ocurridas durante el período de estudio, los aumentos de MS por la aplicación de P fueron altamente significativos (Pr = 0,0002) y el efecto del P sobre el contenido de MS fue cuadrático. Las precipitaciones durante la primavera y el verano fueron muy inferiores a lo normal (mayo 1996-abril 1997= 651 mm; mayo 1997-noviembre 1997= 323 mm) y a pesar de ello se estima que al favorecer el desarrollo radicular los tratamientos fertilizados profundizaron más las raíces e hicieron un uso más eficiente del agua.

Las variaciones entre las repeticiones de algunos tratamientos, principalmente en P40 y P60, fueron importantes lo que seguramente influyó en el valor final de R2 = 0,49. La producción máxima de MS estimada fue de 11.203 kg/ha y correspondería a una dosis de 124 kg/ha de P.

Los tratamientos se distribuyeron en un diseño de bloques completos al azar con 4 repeticiones. Las unidades experimentales fueron de 2m x 6m y la evaluación se realizó en los 6m2 centrales. El fertilizante y la enmienda calcárea fueron aplicados al voleo e incorporados a una profundidad de 7-12 cm con rastra de doble acción. La variedad de alfalfa utilizada fue Monarca SP INTA a razón de 15 kg/ha. Los datos fueron analizados utilizando el procedimiento GLM de SAS (1989) para establecer la significancia de los tratamientos y para evaluar los diversos contrastes ortogonales.

Los incrementos acumulados de MS para cada dosis de P respecto del tratamiento testigo se pueden ver en el Gráfico 2.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gráfico 2. Incrementos acumulados de MS luego de 11 cortes y por la aplicación de diferentes niveles de fertilizante fosfatado.

La expresión gráfica indica que la tasa de incrementos de MS por cada kilogramo de P aplicado fue de 20 kg/ha. Los aumentos con referencia al testigo de 8190 kg/ha de MS, fueron: P20= 1069 (13%), P40= 1471 (18%), P60= 1872 (23%), P80= 2273 (28%), P100= 2675 (33%), P120= 3076 (38%) y P140= 3477 (42%) kg/ha de MS, respectivamente.

En términos prácticos incrementos de MS de alrededor de un 20% o superiores podrían considerarse importantes en términos productivos.

Los resultados correspondieron a condiciones con acentuado déficit hídrico, por lo que es factible de suponer si la provisión de agua se normaliza cabrían esperar mayores tasas de producción y más beneficios.

Las respuestas se relacionaron con el contenido de P extractable del suelo en la primavera de 1996. En el Gráfico 3 se puede apreciar que luego de la fertilización de las parcelas en el otoño, en el suelo se generaron diferentes contenidos de P que luego se relacionaron positivamente con la producción total de MS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gráfico 3. Relación de la producción de alfalfa en función de los niveles de P extractable en la primavera de 1996.

El valor del P extractable varió entre 10 – 13 ppm para P0 hasta valores cercanos a 65 – 70 ppm para el tratamiento P140.

En relación al criterio de fertilización se sugiere guiarse por el análisis químico del suelo tratando de fertilizar el mismo para superar los 25 ppm de P extractable en la capa arable. Aportes extra de fertilizante serían deseables teniendo en cuenta la producción de años posteriores y la relación de costos. Este aspecto también necesita mayor investigación para evaluar con más propiedad la refertilización en cantidad y forma.

Con respecto a la aplicación de calcáreo los contrastes indicaron diferencias entre el promedio del conjunto de los tratamientos con P vs los respectivos niveles de la enmienda (Pr = 0,07).

El promedio de producción con P fue de 10263 kg/ha de MS y con calcáreo 10,947 kg/ha de MS (+6,7%). Sin duda la diferencia anterior es pequeña pero es evidente que el encalado contribuyó en la mayor producción de MS de alfalfa. No hubo diferencias importantes entre los niveles de enmienda 750 kg/ha (10,713 kg/ha de MS) y 1500 kg/ha (11,180 kg/ha de MS).

Posiblemente la respuesta a la enmienda cálcica se deba a una mayor mineralización de la materia orgánica por la variación de pH, pero también por incrementar la cantidad de valencias catiónicas y la fuerza iónica en la superficie radicular, entre ellas las del Ca libre en la solución del suelo, que según Andrew and Johansen (1978) facilitaría la absorción del ión PO4H2- por las paredes celulares.

La respuesta de la alfalfa al encalado fue relevante. Es importante destacar que esta respuesta en un suelo deficiente o medianamente provisto de P, provoca una extracción mayor de este nutrimento, por lo que en éstas situaciones es recomendable la aplicación, junto a la enmienda, de un fertilizante fosfatado.

A los 5 meses de la siembra se observó que el pH alcanzado en la capa arable con la enmienda cálcica 750 kg/ha fue de 6,3 y con 1500 kg/ha de 6,6 y que el P extractable con la primer dosis de enmienda superaba al testigo en sólo 2 ppm y con la segunda dosis en 3 ppm indicando que la mineralización no establecía grandes diferencias.

En nuevos estudios se evaluará la interacción de los dos factores para buscar la combinación más adecuada.

CONSIDERACIONES GENERALES

Los aumentos de MS por la aplicación de niveles crecientes de P fueron significativos y de un efecto cuadrático.

La producción máxima estimada fue de 11203 kg/ha de MS con la dosis de P= 124 kg/ha.

Los incrementos acumulados de MS en cada nivel de P respecto del testigo tuvieron una relación lineal creciente con una tasa de 20 kg de MS por cada kg de P aplicado al suelo.

A partir de la dosis de P40 se obtuvieron incrementos de alrededor de un 20% de MS considerada una importante base en términos productivos.

Las dosis de calcáreo alcanzaron los incrementos de pH esperados y en promedio produjeron 6,7% más MS que los tratamientos con P. Entre sus niveles no se observaron diferencias.

Con referencia al encalado en suelos con deficiencias en fósforo, y hasta tanto no se demuestren mejores alternativas, se aconseja realizarla para posicionar el pH alrededor de 6,6 seguido de una fertilización fosfatada para corregir una de las causas de la baja producción de MS.

AGRADECIMIENTOS

Los autores desean agradecer a Milkaut S. A., al Sr. Marcelo García propietario del sitio donde se condujo la investigación y a la Agencia de Extensión Rural de Esperanza por el apoyo logístico brindado durante la conducción de la experiencia.

 

REFERENCIAS

ANDREW, C. S. and C. JOHANSEN. 1978. Differences between pasture species in their requirements for nitrogen and phosphorus. In. Plant relations in pastures. Ed. J.R. Wilson. CSIRO, Australia. 111-127.

BLACK, C. A. 1993. Soil Testing and Lime Requirement. In. Soil Fertility Evaluation and Control. Lewis Publishers. 647-728.

BOHN, F. R.; B. L. McNEAL and G. A. O'CONNOR. 1979. Soil chemistry. Wiley Interscience Publication. John Wiley and Sons. 329 p.

HEIN, W.; J. L. PANIGATTI; N. HEIN y F. MORESCO. 1981. Niveles de fósforo disponible en el área de suelos de la EEA Rafaela. INTA EEA Rafaela. Informe Técnico Nº7. 17 pp.

LANYON, L. E. and W. K. GRIFFITH. 1988. Nutrition and Fertilizer Use. In: Alfalfa and alfalfa Improvement. ASA-CSSA-SSA, Madison, Wisconsin. Agronomy Monograph 29:333-372.

RICE, W. A. 1975. Effect of CaCO3 and inoculum level on nodulation and growth of alfalfa in an acid soil. Can. J. Soil Sci. 55: 245 – 250.

SAS Institue Inc. 1989. SAS/STAT’ Users Guide, Version 6, 4th Edition, Volume 1, Cary, NC:SAS Institute Inc. 943 pp.

VIVAS, H. S.; S. GUAITA; W. HEIN y V. EMPINOTTI. 1996. Fertilización de alfalfa en un suelo representativo del centro-este de Santa Fe. Producción de primavera, 1995. INTA, EEA Rafaela. Información Técnica Nº200. 7 pp.

VIVAS, H. S. y M. S. GUAITA. 1997. Extracción del fósforo por el cultivo de alfalfa comparado con la rotación trigo/soja. 1995/96. Información Técnica para Productores, 1995/96. INTA EEA Rafaela. Publicación Miscelánea Nº82. p 165-166.

WOODRUFF, C. M. 1967. Crop response to lime in the midwestern United States. In. R. W. Pearson and F. Adams (ed). Soil acidity and liming. Agronomy 12:207-231.

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